LA IGNORANCIA IMPERIAL

CUBA
Por Ricardo Alarcón de Quesada
Palabras de clausura en la Conferencia internacional
'La Magnitud de una Revolución: Cuba, 1959-2009'

Debo comenzar con unas palabras de gratitud para la Universidad de
Queen y para todos aquellos que participaron en la organización de
esta Conferencia. Su iniciativa, hospitalidad y excelentes
preparativos han facilitado tres días de útiles discusiones en una
atmósfera abierta y constructiva.

No fue una tarea fácil. Cualquier intento de considerar a la
Revolución Cubana y de analizarla con objetividad plantea retos que
desafían la integridad intelectual y, muchas veces, la honestidad y la
sinceridad personal.

En un brillante trabajo por el cual nunca podremos agradecerle lo
suficiente, Louis A. Pérez Jr. escribió:

"Cuba ocupaba muchos niveles dentro de la imaginación norteamericana,
frecuentemente todos a la vez, de ellos casi todos funcionaban al
servicio de los intereses de Estados Unidos. La relación
norteamericana con Cuba era por sobre todas las cosas servir de
instrumento. Cuba - y los cubanos - eran un medio para alcanzar un
fin, estaban dedicados a ser un medio para satisfacer las necesidades
norteamericanas y cumplir los intereses norteamericanos. Los
norteamericanos llegaban a conocer a Cuba principalmente por medio de
representaciones que eran por completo de su propia creación, lo cual
sugiere que la Cuba que los norteamericanos escogieron para
relacionarse era, de hecho, un producto de su propia imaginación y una
proyección de sus necesidades. Los norteamericanos rara vez se
relacionaban con la realidad cubana en sus propios términos o como una
condición que poseía una lógica interna o con los cubanos como un
pueblo con una historia interior o como una nación que poseía su
propio destino. Siempre ha sido así entre Estados Unidos y Cuba[1]."

Esa persistente resistencia a asumir a Cuba como era e ignorar su
historia y realidad ha acompañado a ambas naciones durante toda su
vida. Ese fue un inmenso obstáculo para muchos norteamericanos cuando tratan de comprender qué pasó en la Isla hace cincuenta años. No hubo muchos héroes intelectuales que trataran de saltar esa brecha.

Uno de ellos fue C. Wright Mills, un ser humano poco común, y uno muy
ignorado y olvidado. Él incluso escogió hablar como si fuera un cubano
en un magnífico libro, al que contribuyó un más joven Saul Landau.
Permítanme recordarlo: "Estamos tan apartados que existen dos Cubas -
la nuestra y la que ustedes se imaginan[2]."

Durante los años de la indiscutible hegemonía norteamericana en el
Hemisferio Occidental, atrapada en las dinámicas de la Guerra Fría,
esa imagen de Cuba fue proyectada también hacia otros lados y continúa
siendo una tarea difícil determinar con imparcialidad que era y es
realmente Cuba, cuales son sus logros y deficiencias.

Hace cincuenta años pocas personas podían haber previsto que Cuba
atraería la atención internacional que ha alcanzado. En esos días,
cuando estábamos angustiados por la partida de la mitad de nuestros
seis mil médicos, nadie en la Isla se atrevía a concebir el
establecimiento de un sistema universal y gratuito de atención de
salud, mucho menos imaginar que miles de miembros de nuestro personal médico servirían en docenas de países y salvarían millones de vidas en todo el mundo.

En esos lejanos días estábamos preparándonos para iniciar la campaña
nacional de alfabetización con vistas a salvar de la ignorancia a la
cuarta parte de nuestra población. Ese fue el primer y decisivo paso
hacia una profunda Revolución Educacional y Cultural. Una parte
importante de la misma fue la creación de la casa editorial estatal,
Imprenta Nacional, que nació con una edición masiva de la más famosa
novela de Cervantes. Incluso en esos días quijotescos no previmos que
miles de maestros cubanos, con un método cubano, contribuirían a
salvar del analfabetismo a millones de personas en tierras lejanas.

Eso se hizo con la participación de millones de cubanos - trabajadores
y estudiantes, ancianos y jóvenes, mujeres y hombres - por un gobierno
que estaba condenado a fracasar.

Porque Cuba, en esos días, estaba enfrentando una bancarrota total. La
gente de Batista había escapado de la Isla llevándose con ellos
prácticamente todas las reservas financieras del país en lo que fue
probablemente uno de los mayores robos de la historia.

Muchas palabras han sido usadas, durante décadas, para hablar acerca
del "embargo" o de las "sanciones económicas" impuestas por Estados
Unidos al régimen revolucionario. Expertos, tanto liberales como
conservadores, que han escrito mucho acerca de la política de Estados
Unidos hacia la isla, le han prestado muy poca atención al gran robo,
el primer y más severo golpe en una guerra económica que ha durado medio siglo.

Los cubanos no solo han contribuido al desarrollo social de otros
pueblos. Ellos también han derramado su sangre. Sin el ejemplo único
de solidaridad internacionalista de Cuba no existiera ahora una
Namibia independiente, Angola no hubiera podido alcanzar su soberanía
y la paz, y Sudáfrica no fuera una nación democrática. Contribuimos a
su lucha de forma incondicional y sin quitarles nada a cambio.

Cuba ha ganado el reconocimiento de millones en África, América
Latina, el Caribe, Asia e incluso en el Pacífico, por lo que hemos
sido capaces de hacer en las áreas referidas anteriormente. Si otros,
con muchas más riquezas y recursos humanos y técnicos, hubieran hecho algo comparable los objetivos de Naciones Unidas para el Milenio se hubieran alcanzado fácilmente hace mucho tiempo.

Permítanme hacer un paréntesis. Quiero reconocer la presencia aquí de
un grupo de maestros cubanos, que están trabajando junto a autoridades
y ONGs canadienses en la implementación del programa YO SI PUEDO para el beneficio de aquellas comunidades en Canadá que aún se ven
afectadas por el analfabetismo. Esos cubanos son jóvenes, pero ya han
acumulado alguna experiencia ayudando a mejorar la educación de otros
en Nueva Zelanda, otro país desarrollado.

Pero lo que pasó después de la solución de los conflictos en el sur de
África fue quizás más asombroso. Con la disolución de la Unión
Soviética, Cuba sufrió el golpe más severo a su economía, perdió sus
mercados y socios comerciales y lo que le quedaba en términos de
asistencia y cooperación internacional. Más de un tercio de su PIB
desapareció de la noche a la mañana.

En ese momento crucial estábamos absolutamente solos sin ningún aliado en la región ni más allá. Y fue entonces cuando Estados Unidos decidió intensificar su guerra económica con la Ley Torricelli en 1992 y la
ley Helms-Burton en 1996, ambas, por cierto, todavía vigentes y
puestas en práctica mientras estamos realizando esta Conferencia.

En esos años algunos presuntuosos cuentistas se apresuraron a escribir
acerca de la inminente desaparición de la Revolución Cubana. Como
Torricelli, Helms y Burton, ellos estaban seguros de la fecha exacta
de nuestro fin.

Obviamente ellos no escucharon lo que les estaba diciendo ni más ni
menos que Henry Kissinger. En la época post Guerra Fría "Estados
Unidos" necesita "conocer sus límites", porque "lo nuevo acerca del
orden mundial emergente es que, por primera vez, Estados Unidos no
puede ni aislarse del mundo, ni dominarlo"[3].

Esas palabras fueron publicadas cuando muchos creían en el "fin de la
historia" y en un mundo unipolar bajo una y solo una superpotencia,
una forma de pensar que puede estar pasando de moda.

Estamos viviendo en una época en que se requiere de una reflexión más
profunda. Una época para escuchar, para tender la mano y aprender. Una
época para descubrir la realidad y deshacer mitos y prejuicios.

Un rayo de esperanza en esa dirección pareció manifestarse en la
llamada V Cumbre de las Américas, celebrada en Puerto España, Trinidad
Tobago un par de semanas atrás.

Reunirse con otras personas y escuchar y comunicarse con ellas como
iguales es una muy antigua experiencia humana, familiar para todos
desde la más temprana infancia. Nadie debe esperar recibir un
reconocimiento especial por hacer solo eso.

Nadie excepto si usted pertenece a una nobleza especial, a una
categoría superior, a una raza particular que está por encima de todas
las demás.

Durante mucho tiempo esa fue la experiencia latinoamericana y
caribeña. Nunca nos reuníamos con otros como iguales, salvo cuando lo
hacíamos entre nosotros mismos, exclusivamente, sin ningún extraño.

En la Conferencia, con Cuba orgullosamente ausente, todos nuestros
hermanos y hermanas de la región se encontraron con el Presidente de
los Estados Unidos.

Se ha dicho que la reunión fue histórica, pero sin presentar argumentos sólidos que sostengan esa valoración. Por supuesto que de ella salió un documento sin precedentes por su extensión que los participantes no firmaron y que muy pocos leerán. Además de eso todos parecían sentirse felices por la cordial atmósfera que prevaleció en el encuentro.

El Presidente Obama trató de sacar el mejor provecho a ciertas
decisiones con respecto a Cuba que él había anunciado antes de iniciar
su viaje. Esencialmente eliminó las crueles restricciones que George
W. Bush había impuesto a los viajes de los cubano-americanos y a las
remesas que enviaban a la isla, dándole marcha atrás al reloj en este
tema, hasta la situación existente en mayo de 2004, una época que, de
acuerdo con sus propios cálculos, fue hace mil años atrás.

Es algo irónico que la misma persona que insistió en olvidar la
historia y en solamente mirar adelante hacia un futuro de promesas
difusas y vagas trate de darle tanta importancia a algo que lo único
que significa es un regreso parcial al pasado. Parcial porque él no le
devolvió a otros ciudadanos norteamericanos ciertos derechos en esos
temas que habían tenido, algunos de ellos, incluso durante los
primeros años de W. Bush. Escuchando al Presidente, no puedo dejar de
recordar la advertencia de Kierkegard: "La vida se vive hacia adelante
pero se entiende hacia atrás".

Ese es el problema con la historia. Uno puede pretender ignorarla,
pero nadie puede vivir fuera de ella. Sostengo que es mas sabio
reconocer que la historia existe y aprender de ella.

Cualquiera que hiciera eso se quedaría sorprendido por esas palabras
viniendo de Washington, que al mismo tiempo que reiteran la
continuación de la agresión económica contra la isla - el "embargo" en
su lenguaje edulcorado - dicen que Cuba debe hacer algo para retribuir
el generoso "gesto" de levantar esas restricciones a los
cubano-americanos, un gesto que, después de todo, fue dictado por la
creciente demanda interna por parte de aquellos afectados, como fue
reconocido por el propio candidato Obama.

En otras palabras, Cuba tiene que cambiar y comportarse de acuerdo a
los deseos de Washington. Si es acerca de cambio de lo que ellos están
hablando, un cambio que ellos puedan realizar en este mismo momento,
entonces permítanme ser muy específico.

¿Por qué finalmente Washington no responde a la solicitud formal de
extradición a Venezuela de Luis Posada Carriles? La misma fue recibida
hace más de cuatro años y no ha tenido respuesta.

Las convenciones internacionales contra el terrorismo son muy claras y
no le dejan a Estados Unidos salida alguna. Posada debe ser
extraditado para que continúe su juicio por la destrucción en pleno
vuelo de un avión civil o Estados Unidos está en la obligación de
procesarlo por el mismo crimen "sin ninguna excepción en absoluto."
Extraditar o procesar inmediatamente a Posada, o Estados Unidos
continuará violando el Artículo 7 de la Convención de Montreal para la
Protección de la Aviación Civil y todos los otros instrumentos legales
contra el terrorismo internacional y la Resolución 1373 del Consejo de
Seguridad de Naciones Unidas de septiembre de 2001.

Si la retórica acerca del cambio también incluye comenzar a respetar
los principios de justicia y las normas morales, el Presidente no
puede seguir ignorando la encarcelación injusta e injustificada de
Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero, Fernando González y René González. Simplemente debe ejercer su autoridad desestimando los cargos fabricados contra ellos y liberar inmediatamente a los Cinco.

Sí, él puede. Lo acaba de hacer la semana pasada con aquellos hallados
culpables de cometer espionaje a favor de Israel. En el caso del AIPAC
(Comité Americano-Israelí de Asuntos Públicos) hubo un grupo de
documentos secretos relacionados con las fuerzas armadas y la
seguridad nacional de Estados Unidos. En el caso de los Cinco cubanos,
como determinó la Corte de Apelaciones en una decisión unánime en
septiembre pasado, no estuvo involucrada ninguna información secreta.

La vergonzosa acusación en contra de Gerardo Hernández - conspiración
para cometer asesinato, el infame Cargo Tres de la acusación - nunca
pudo ser probada, como lo reconoció el mismo Gobierno de Estados
Unidos en una moción de emergencia sin precedente en la historia
norteamericana. Solamente un jurado intimidado después de tal
reconocimiento por parte de los fiscales pudo hallar culpable a
Gerardo, un resultado que demuestra que era imposible realizar un
juicio justo en Miami.

El caso de los Cinco cubanos es ante todo y sobre todo el más notorio
ejemplo de mala conducta por parte de la fiscalía y el gobierno.

Estados Unidos debe liberarlos si es que quiere que creamos que algo
fundamental está cambiando en Washington.

La actitud de Estados Unidos es no solo la continuación de una
política ilegal, injustificable y fallida. Es también la consecuencia
de un profundo error, una falsa percepción de si mismo que fundamenta
el papel de Estados Unidos en el mundo. Como dijo un distinguido
investigador norteamericano: "la larga sombra que proyecta sobre la
historiografía norteamericana su mítico carácter de luchadora por la
libertad" es "el mayor de nuestros malentendidos nacionales" que
"fijó en la conciencia nacional el idilio de libertad del cual, hasta
hoy, la sociedad norteamericana permanece rehén[4]."

Esta falsa auto-representación comienza desde el momento de la
separación de las Trece Colonias de Inglaterra y ha sido fabricada por
estadistas y políticos e inculcada deliberadamente en las mentes de la
población. Ese esfuerzo estuvo presente en la Declaración de
Independencia y en los artículos de El Federalista. Ha sido
multiplicado de forma exponencial y exitosa con las modernas
tecnologías de la comunicación.

Así es como una persona involucrada de forma notoria en el genocidio
en Vietnam y Cambodia pudo escribir acerca del "idealismo
norteamericano" como "una expresión de fe de que nuestra sociedad es
capaz eternamente de renovarse a si misma, trascender la historia y
rediseñar la realidad." Y él, que fue el autor intelectual del golpe
de estado fascista que destruyó la democracia en Chile y torturó y
asesinó a miles de personas indefensas, fue capaz de definir ese
inventado "idealismo" como la "búsqueda tradicional de Estados Unidos
de un mundo en el cual el débil esté seguro y el justo libre"[5]. Una
visión como esa es un recordatorio de una expresión atribuida a Otto
Von Bismarck: "Dios tiene una providencia especial para los tontos,
los borrachos y los Estados Unidos de América."

Refiriéndose específicamente a Cuba la narrativa oficial norteamericana va más allá de cualquier límite intelectual. Hechos muy bien documentados, en una historia que se nos invita sospechosamente a
olvidar, muestran que en fecha tan temprana como 1805, Jefferson abogó
por la anexión de la isla. Desde esos días los norteamericanos
desarrollaron una narrativa, de acuerdo con la cual ellos tienen
derechos especiales sobre Cuba otorgados por Dios, para incorporar la
isla a la Unión, para intervenir en los asuntos cubanos y para dictar
nuestro presente y nuestro futuro. Todo eso basado en una versión de
la realidad que no tiene nada que ver con la verdad, pero promovida
por un país al que se le ha hecho creer que tiene una misión y un
destino divino y "es eternamente capaz de. trascender la historia y
rediseñar la realidad", ideas muy apreciadas por los neoconservadores
con las consecuencias que todo el mundo conoce. Como dice Lou Pérez,
"la capacidad de los norteamericanos para la autodecepción fue
superada solamente por su insistencia de que los cubanos, también
contribuyeran a la decepción y estuvieran agradecidos"[6]. Pero en
tiempos más recientes Estados Unidos ha demostrado una increíble
capacidad en tratar de decepcionar y engañar a millones en todo el
mundo. Billones de dólares, tomados de los bolsillos de los
contribuyentes, han sido dedicados durante medio siglo a una guerra de
propaganda contra Cuba que no tiene paralelo histórico, y que abarca
prácticamente todas las áreas y medios desde la TV y las transmisiones
de radio, filmes, libros, periódicos y revistas, conferencias, hasta
millones de copias de libros de caricaturas.[7]

Todo esto hecho en nombre de la democracia, un concepto que no era
particularmente del agrado de los fundadores de la República y de los
que redactaron su Constitución. La adopción del término y su
usurpación para transformarlo en una herramienta de la política
imperial vendría mucho después en la historia y en el proceso sería
privado de su significación original.

La noción misma de que las instituciones de un país deben reflejar las
de sus vecinos es una radical negación de cualquier ideal democrático.

Estamos convencidos que hay que hacer mucho más para avanzar en cuanto a la participación real del pueblo en cada uno de los aspectos de
nuestro sistema de gobierno. En cada uno de los aspectos desde la
nominación de candidatos directamente por sus propios electores; el
proceso de las asambleas regulares de rendición de cuentas en las
cuales los delegados y diputados informan al pueblo y discuten con
ellos muchos temas; los despachos - reuniones individuales entre los
ciudadanos y sus representantes; las respuestas rápidas y apropiadas a
las quejas, críticas y propuestas que los ciudadanos plantean por
estas y otras vías; hasta la solución de una gran variedad de
problemas o la implementación de iniciativas con la participación
directa y la implicación real de la comunidad, en todas esas áreas
necesitamos continuar trabajando guiados por el principio fundamental
que motiva a todo revolucionario: la insatisfacción con lo que se ha
logrado y la permanente lucha para alcanzar objetivos superiores.

Esos esfuerzos no tienen absolutamente nada que ver con un impensable
retorno al falso y corrupto régimen del pasado. Imponer al pueblo
cubano un régimen de "democracia representativa" no sería un avance en
términos democráticos, si no un retroceso. Sería privar a las masas de
los derechos y poderes que ellas han conquistado y no darles nada a
cambio, excepto palabras, retórica sin sentido de un dogma que no
tiene muchos partidarios entre aquellos obligados a vivir con ella.

En vez de copiar una caricatura ficticia, nosotros seguiremos tratando
de avanzar en lo que Kelsen describió como la "parlamentarización" de
una sociedad que al mismo tiempo debe incluir a todos sus ciudadanos,
eliminando todas y cada una de las manifestaciones de exclusión y
discriminación por raza, sexo, religión u otro cualquier motivo. No
menos, sino más socialismo es la única vía hacia una sociedad más democrática.

Nuestros adversarios gustan de criticar a la Asamblea Nacional que yo
tengo el honor de presidir, porque no estamos acostumbrados a los
métodos que son comunes en la mayoría de los parlamentos occidentales.

No, nosotros no nos permitimos largas jornadas de discursos en frente
de las cámaras, cuyos operadores son los únicos oyentes. Sí, nosotros
dedicamos un par de semanas a nuestras sesiones plenarias formales.

Pero, créanme, trabajamos realmente duro y nos reunimos muchas más
veces durante el año. La diferencia real es que en nuestras reuniones
toman parte un número de personas que están completamente ausentes en
las actividaes de otros parlamentos. Nosotros no tomamos ninguna
decisión importante sin haberla discutido previamente con todos los
interesados. Tan pronto regrese de Canadá, por ejemplo, me uniré a mis
colegas en las discusiones que estamos celebrando desde abril acerca
de los principales temas que trataremos formalmente en nuestra Sesión
Plenaria del próximo verano. Estamos haciendo eso en cada provincia y
cada municipio del país con la participación de miles de nuestros ciudadanos.

Antes de considerar en diciembre pasado la nueva Ley de Seguridad
Social tuvimos miles de reuniones con la participación activa de
millones de trabajadores, que discutieron, modificaron y aprobaron por
abrumadora mayoría el texto que fue finalmente aprobado.

Nosotros no queremos imponer nuestro sistema a otros. Tampoco creemos que el nuestro sea la perfecta realización del ideal democrático.
Simplemente decimos que en Cuba nos estamos esforzando por desarrollar un proyecto legítimo para contribuir a uno de los más antiguos debates de nuestra civilización, tratando de introducir, lo más posible, la
democracia directa dentro de las inevitables formas de representación
en una sociedad moderna. Permítanme con toda humildad sugerir que
todos aquellos que se consideran a si mismos demócratas deben
reconocer que la democratización es un proceso necesario en todos y
cada uno de los países y que no existe una cosa tal como "democracia"
por imposición.

Yendo atrás en el tiempo, en lo que Norberto Bobbio describe como su
"más famoso elogio", Pericles tenía una idea diferente de la
democracia: "vivimos bajo una forma de gobierno que no emula con las
instituciones de sus vecinos; por el contrario, somos nosotros mismos
un modelo que algunos siguen, en vez de ser imitadores de otros
pueblos. se llama democracia porque su administración está en manos no de unos pocos, sino de muchos"[8].

El sistema norteamericano de gobierno fue claramente identificado por
sus Fundadores como algo muy diferente de las clásicas y antiguas
formas de democracia. "Está claro que el principio de representación
no fue ni desconocido por los antiguos ni completamente pasado por
alto en sus constituciones políticas. La verdadera distinción entre
éstos y los gobiernos norteamericanos radica en la total exclusión del
pueblo, en su capacidad colectiva, de cualquier participación en los
últimos, y no en la total exclusión de los representantes del pueblo
de la administración en los primeros"[9].

Tal exclusión fue necesaria "para evitar la confusión y la intemperancia de una multitud", una visión amenazadora para Hamilton, Madison y sus coetáneos. Tanto era así que ellos sentenciaron: "si los ciudadanos atenienses hubieran sido Sócrates, todas las asambleas atenienses habrían sido, aún así, turbas"[10].

De una aversión tal por las multitudes evolucionó un concepto de
democracia que buscó restringir su participación en el ejercicio del
poder político y el control de la administración la cual llegó a ser
definida como "democracia representativa". Su fundamento era reducir
el papel de las masas, o del populacho, a elegir sus "representantes"
y delegar en ellos la soberanía del pueblo. Este enfoque reduccionista
ha sido transformado exitosamente en una especie de dogma indiscutible.

Tal éxito es bastante asombroso teniendo en cuenta que el concepto fue
objeto de algunas de las más convincentes críticas desde que apareció
por primera vez en el mundo occidental. Al tema Jean Jacques Rousseau
dedicó algunas de sus más elocuentes páginas. Nadie ha sido capaz
alguna vez de refutar sus argumentos acerca de la imposibilidad de una
democracia real en sociedades profundamente divididas entre ricos y
pobres y de la falacia de "delegación de soberanía", a menos que los
"representantes" estén completamente controlados por las masas con un
"mandato imperativo".

Estas aspiraciones igualitarias fueron claramente expresadas entre los
Jacobinos y jugaron un papel importante en la intensa y sangrienta
lucha de los revolucionarios franceses. Estuvieron también presentes
en el proceso que llevó a la independencia de las Trece Colonias y
durante las primeras etapas de la República, pero fueron manejadas
hábilmente con la retórica de Jefferson y también con la represión de
Shays y otras rebeliones, y con instrumentos tales como la Ley contra
Disturbios y la Ley de Sedición, piezas legislativas que inauguraron
una bien establecida tradición norteamericana.

La noción de "democracia representativa" y su implementación en la
vida real ha sido siempre objeto de discusión.

En el siglo XX, el Profesor Hans Kelsen, autor principal de la actual
constitución de la República austriaca, le dedicó ensayos específicos
y varios capítulos de sus más significativos libros. En esos
importantes textos Kelsen insistió en la falacia de la "democracia
representativa", que para él era solamente una "ficción"[11] . Salvar
la distancia entre la democracia ideal con participación directa del
pueblo, solo verosímil a niveles de pequeña escala, tales como en la
experiencia de la Grecia clásica, y la necesaria representación
inevitable en los estados modernos, era solamente posible en lo que él
definió como la "parlamentarización de la sociedad", un sistema por el
cual el pueblo a través de una red completa de agrupaciones e
instancias - fábricas, escuelas, vecindarios y organizaciones sociales
- tomaría parte en el proceso de definición de políticas y control de
administraciones.

La discusión acerca de la democracia directa y la representativa y
sobre sus diferentes formas y combinaciones ha sido larga y es fuente
de un debate rico y vigente. Desde una perspectiva teórica parece ser
infundado y bastante ingenuo asumir que alguien haya solucionado la
polémica, mucho menos pretender haber alcanzado la realización de la
expresión final y definitiva de la democracia.

Tal pretensión solo aparece entre los políticos occidentales, que se
presentan a si mismos como los creadores de la sociedad perfecta y
predicadores de un nuevo dogma. Ellos se enfrentan a un obstáculo empírico.

Si lo que ellos han producido es la insuperable cumbre de la evolución
social, el non plus ultra del desarrollo político, los sujetos de esa
sociedad deberían considerarse a si mismos muy felices y sin ningún
deseo de cambiar su paraíso. Si la sustancia de tal idílica
organización es votar para elegir a sus representantes, emitir el voto
debe ser la actividad más importante de sus vidas atrayendo la
participación entusiasta y masiva de todos. La vida real parece
indicar otra cosa y prueba que lo que realmente motiva a los que
abogan por la "democracia representativa" no es la creencia en un
dogma sino su uso como instrumento defensivo para proteger de las
masas sus intereses.

A medida que el proceso de globalización ha avanzado, de la misma
forma lo ha hecho la evidencia del carácter ficticio de la "democracia
representativa". Thomas Friedman, no precisamente un enemigo de ese
proceso, ha explicado amablemente cómo su principal rasgo es la
impotencia de los seres humanos al enfrentar un mercado y unas fuerzas
tecnológicas poderosas y anónimas que deciden e incluso destruyen sus
vidas[12].

El otorgamiento de poderes al ciudadano es el corazón de la
democracia. La globalización es exactamente lo contrario. Con su
avance los países han sido privados de su soberanía y los individuos
de su ciudadanía.

La crisis económica global por la que estamos atravesando ahora es la
mejor demostración.

A nivel internacional un grupo muy limitado de países, entre ellos los
responsables de la crisis, están tomando decisiones que afectan a
todos los otros sin ni siquiera consultarlos. Después de superar
muchos obstáculos la Asamblea General de Naciones Unidas se reunirá,
al fin, el próximo mes, para discutir la crisis. La Asamblea no debe
levantar sus sesiones hasta que podamos encontrar e implementar
soluciones. La solución de la crisis no debe dejarse en las manos de
aquellos que la han creado

A nivel nacional millones han perdido sus empleos, muchas fábricas
fueron cerradas y billones de dólares han sido entregados a los ricos
para rescatarlos con el dinero de sus víctimas. Las próximas
generaciones nacerán con una carga increíblemente grande que pesará
sobre sus hombros por un tiempo imprevisible. Ellas tendrán solamente
un consuelo: en estos días dramáticos, sus padres no fueron
consultados; ellos no pudieron dar su opinión acerca de lo que estaba pasando.

Ese fue el trabajo de sus "representantes", los "elegidos" pero
irresponsables individuos que habían usurpado los derechos soberanos
de sus padres.

Recuerdo los años 90, cuando los cubanos comenzaron a enfrentar el
"período especial", años económicos muy difíciles, justamente
comparados por algunos observadores independientes y objetivos, como
peores, para nosotros, que la Gran Depresión de los años 30.

En esos días nosotros solamente tomamos una decisión: consultar a cada ciudadano. Fuimos a las fábricas, a las granjas y a los barrios y
discutimos ampliamente nuestros problemas con todo el mundo. Y de esa forma, discutiendo y votando, se llegó a un consenso nacional y
decisiones específicas, muchas veces dramáticas, que afectaban a
muchos individuos fueron tomadas directamente por aquellos que estaban involucrados.

Al mismo tiempo, reuniones muy diferentes se realizaban en otros
lugares con pocos participantes y negociaciones secretas casi
concluyeron con la adopción del Acuerdo Multilateral de Inversiones
que nunca fue discutido en ningún parlamento nacional (muchos de ellos
protestaron por habérseles ocultado), mucho menos, por supuesto, el
AMI fue consultado con los millones de personas cuyas vidas hubiera
alterado profundamente.

Los expertos mencionados anteriormente reconocieron que nuestro método fue crucial en ayudarnos a superar la crisis y que gracias a él,
incluso en esos días terribles, nuestra situación era mejor que la que
imperaba en América Latina[13].

Los regimenes latinoamericanos que fueron tan obedientes al dogma que
prevalecía en ese momento han desaparecido, barridos por los pueblos.
En un creciente número de países en todo el continente los pueblos
están "rediseñando la realidad" y abriendo para si mismos una nueva
época, trascendiendo la historia que les fue impuesta, creando una
nueva. Este es el resultado de los esfuerzos y sacrificios de
generaciones. Fue un camino largo y difícil.

Pero tengo que decir que llegamos a este punto también porque mi
pueblo fue capaz de abrir el camino hace 50 años.


[1] "Cuban in the American imagination-Metaphor and the Imperial
ethos", The University of North Carolina Press, Chapel Hill, 2008, p. 22-23.
[2] "Listen, Yankee -the revolution in Cuba", Ballantine Books, New
York, 1969, p.13.
[3] Henry Kissinger, "Diplomacy", Simon and Schuster, 1994, p. 19 and 834
[4] "A nation of agents - the American path to a modern self and
society", James E. Block, The Belknap Press of Harvard University
Press, 2002, p. 184, 236 and 237.
[5] Henry Kissinger, "Years of Renewal", Simon and Schuster, New York,
1998, p. 1074 and 1078.
[6] Louis A. Pérez Jr., Ibidem, p. 227.
[7] "Psywar on Cuba - The declassified history of US anti-Castro
prtopaganda", Jon Elliston, 1999, Ocean Press.
[8] Thucydides, "History of the Peloponnesian War, II, 37, quoted by
Norberto Bobbio in "Democracy and Dictatorship", University of
Minnesota Press, 1989, p. 139.
[9] "The Federalist, a commentary on the Constitution of the United
States", Alexander Hamilton, John Jay and James Madison, The Modern
Library, New York, p. 413.
[10] Ibidem, p. 361.
[11] See, for example,, "Teoría General del Estado", Editorial Labor
S.A., Barcelona, 1925 adn "Esencia y Valor de la Democracia", Editora
Nacional, México DF, 1974.
[12] "The Lexus and the Olive tree", New York, 1999.
[13] "La Economía Cubana. Reformas estructurales y desempeño en los
Noventa," Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las
Naciones Unidas y Fondo de Cultura Económica, 1997.




 
 
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Ricardo Alarcón de Quesada. Fuente: Google imágenes Click para ampliar