Sin gato por liebre

Nils Castro (Escritor - Catedrático)

Por Nils Castro
Es cierto que el sistema político que prevalece en gran parte de América Latina da signos de agotamiento en algunos países.

Es cierto que el sistema político que prevalece en gran parte de América Latina da signos de agotamiento en algunos países. Bajo las condiciones del neoliberalismo la democracia tradicional no resolvió importantes aspiraciones populares, lo que levanta críticas contra el sistema de partidos y sus expresiones parlamentarias. Allí ese malestar ha ocasionado descontentos que, incluso, derribaron gobiernos legítimos pero ineficaces.

Se dieron cuatro casos extremos. Un país resolvió la crisis política a través de nuevas elecciones democráticas. En otros tres, las confrontaciones sociales y defenestraciones desembocaron en constituyentes que rehicieron sus sistemas políticos. En uno los enfrentamientos en materia constitucional estuvieron cerca de desgarrar la integridad de la nación, y en otro la iniciativa de reformar la Constitución ha ocasionado serias tensiones políticas. En todos los casos, los costos socioeconómicos han sido muy dolorosos.

Ahora, ante una crisis económica internacional, los descontentos y la tentación de 'patear el tablero' del sistema político y constitucional podrán exacerbarse. Ello debe manejarse con prudencia para evitar consecuencias indeseables. En Panamá, la economía se ha robustecido, pero en el actual ambiente electoral de trasvestismo y desacreditación mutua esa tentación no es capitalizada por la izquierda radical sino por una derecha populista, como su línea publicitaria.

Esta juega con estribillos como el de poner orden en el marco de un 'verdadero cambio', cuyos proyectos y medidas nadie identifica. En el marco de la actual crisis económica, eso recuerda su antecesora de los años 30. En Italia y Alemania también alguna gente se cansó de un sistema democrático que no colmaba sus aspiraciones. Dos demagogos encandilaron a la plebe con la promesa de un 'verdadero cambio' y un 'nuevo orden'; primero Benito Mussolini y enseguida Adolfo Hitler.

Los dos cumplieron ese propósito y sus testaferros gozaron del poder para hacer enormes negocios. Pero ambos pueblos sólo se percataron de cuál era ese 'cambio' cuando el despotismo fascista ya los tenía contra el piso. Su consecuencia fue que Italia y Alemania padecieron espantosas tragedias, que gran parte de la humanidad igualmente sufrió.

En Estados Unidos, entonces como ahora, se escogió la ruta opuesta. El gobierno demócrata de Franklin D. Roosevelt inició y continuó un programa de reformas sociales y económicas bien explicadas, que le permitió al país salir pujante de la crisis y la guerra. Por eso, cuando te hablen de un 'verdadero cambio', exige que expliquen todo el plan y aclaren cada proyecto y medida, para que no te vayan a dar despotismo por liebre.

 
 
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Fuente: Google imágenes Click para ampliar