Sin el Consenso de Washington |
Hernán Viudes - Consejo Redacción CETEDO (Argentina) |
El gobierno de Ecuador reafirmó su decisión soberana de auditar la deuda externa, cuando el presidente Rafael Correa aseguró que el costo por esos "resultados escandalosos debe ser trasladado por partes iguales a los responsables de adquirirla con malas artes, chantaje y traición". |
El informe realizado por la Comisión para la Auditoría Integral del Crédito Público (C.A.I.C.) califica de "incalculable" el daño causado al pueblo ecuatoriano y a la economía del país por el "endeudamiento público, omnipresente como sistema de presión-sumisión, y el consecuente compromiso de entregar recursos públicos (para el pago de la deuda)".
Para entender el endeudamiento de Ecuador hay que observar el proceso similar sufrido por los pueblos de Latinoamérica. Las distintas “deudas externas” fueron generadas por gobiernos liberales y/o dictatoriales que siguieron los lineamientos de EE.UU. y de países centrales de Europa, vía las instituciones que cuidan sus intereses, como son el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o el Club de París. La estrategia de dominación de las naciones latinoamericanas consistía en endeudarlas primero para que después apliquen allí las medidas “sugeridas” por el Consenso de Washington: privatizaciones, apertura comercial y financiera, desregulaciones y políticas de estabilización. “La estafa de la deuda argentina es calcada de la ecuatoriana y del resto de las de la región. Planes como el Brady, emisiones (de bonos) como las de los Global y todas las refinanciaciones se hicieron en los mismos años y con los mismos abogados”, es la sentencia de Alejandro Olmos, investigador especializado en el tema e integrante de la C.A.I.C.
Entre Argentina y Ecuador coinciden las formas de gobierno, dictaduras; los años que marcaron el crecimiento exponencial de los “empréstitos recibidos”, 1976; la cultura que se impuso para sostener la enajenación, “el déme dos, el dinero fácil” propio de la valorización financiera; las crisis de hiperinflación y las del 200/1; y hasta algunos tecnócratas de Chicago, como Domingo Cavallo, quien estatizó la deuda en Argentina y trajo la misma “solución” en ambos países, la dolarización.
Pero otros son los tiempos en Latinoamérica. EE.UU. sufre una de sus mayores crisis (¿sólo financiera?) y ya no hay tanto Consenso en torno a Washington. Es así, que a su intento frustrado de imposición del Tratado de Libre Comercio para las Américas (A.L.C.A.), le surgió un competidor, la Alternativa Bolivariana para las Américas (A.L.B.A.). Justamente en uno de estos encuentros realizado por estos días en el que Correa participó junto a los presidentes de los seis países que la integran (Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua, Honduras y Dominica), recibió el respaldo a la medida tomada por el gobierno ecuatoriano y envió un mensaje ante las presiones de los centros de poder económico: “son cómplices de los acreedores y explotadores de nuestro país, pero se van a encontrar con una nueva América Latina, repleta de dignidad, que sabrá darle las respuestas del caso si se permiten hacer esos chantajes”.
Los ejes alrededor de los cuales se construyen los consensos de hoy en América Latina son diferentes a los de Washington. Ahora hay gobiernos que toman decisiones independientes, con Estados activos que intervienen con prácticas alejadas a las del neoliberalismo y toman decisiones que reciben el apoyo popular. La nueva Constitución en Ecuador que plantea la articulación de la economía privada, social y solidaria y su control estatal; declara el fin del latifundio; preserva el derecho público sobre los recursos naturales y estratégicos; prohíbe la presencia de fuerzas militares extranjeras; prioriza la integración latinoamericana; y otorga a todos los ciudadanos el acceso gratuito a la educación y a la salud, fue votada por el 65 por ciento de la gente. Ese mismo pueblo que echó con revueltas a tres presidentes, hoy acompaña la decisión de Correa de llevar a cabo una "revolución ciudadana para cambiar radicalmente al país en paz y en democracia (y) no sólo sancionar a los culpables sino también no pagar la deuda ilegítima, ilegal y corrupta”.
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